Rescate de la Mashua por Indígenas en Ecuador

mashua-ecuador.jpgEn la cocina de María Yauvilla, la oca, mashua, cebada y melloco se ven apilados en una repisa.  

La indígena los guarda en pequeños costales de yute. “En la mañana cocino ocas y horchata de máchica con leche para mis guaguas. Ya no les doy fideo ni  galletas”. Ella cultiva los productos en la comunidad Guadalupe, a 12 km al sur  de Riobamba.  

Yauvilla y otros 30 agricultores del pueblo los siembran en sus parcelas, porque estaban desapareciendo. Con ese fin participan desde 2007 en el programa Rescate de la siembra y consumo de los productos andinos. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) financia el plan.

Calzando  botas de caucho y arropada con un reboso camina por los estrechos senderos de su huerto, donde trabaja todos los días desde las 07:00.  También  cultiva zanahoria, remolacha, col, brócoli, lechuga, acelga y coliflor.

“Antes sembraba  cebolla. Con ese dinero  compraba las galletas y la harina”, dice, mientras introduce los dedos en la tierra y saca la mashua que tiene la cáscara amarilla, se parece a la oca y tiene un sabor dulce. Coloca el tubérculo en  una lona para secarlo al sol.

Carlos Vivar, coordinador de la FAO en Chimborazo, sostiene que la iniciativa también se aplica en Huacona, Santa Isabel, Sanjapamba, Mayorazgo y Laguna San Martín, ubicadas en  Colta, Guano y  Riobamba.

Esas zonas, donde viven 500 familias, están consideradas por la organización  como las más pobres de la provincia. La gente gana USD 1 diariamente. En Guadalupe, las calles son polvorientas. Los indígenas viven en casas de un piso o en chozas de paredes de tierra y techos de paja.

En las paredes de sus viviendas, los técnicos de la FAO colocaron cartulinas para explicarles cómo se elaboran abonos orgánicos y se reproducen las   semillas.

Además, aprendieron a elegir al representante de la comunidad, elaborar proyectos agropecuarios y conocieron la importancia de llevar al mercado productos limpios y almacenados en recipientes plásticos.

Yauvilla cuenta que no necesitó comprar semilla. “Eso se consiguió en las comunas. La intención es cosechar suficiente alimento para el autoconsumo. Lo que sobra se vende en los mercados”.

El año pasado obtuvo USD 400 en la venta de los productos ancestrales. Antes conseguía USD 250 por 10 quintales de cebolla. “Pero lo mejor es que  ya no uso químicos. Utilizo abono orgánico y cosecho productos sanos para mi familia y mis clientes”.

Fumiga sus plantas con brebajes de plantas, frutas y también estiércol de conejo y cuy. Cerca de la casa  de Yauvilla está la de  Petrona Remache. El azadón es su herramienta para labrar su huerto familiar.

Dice que está contenta porque con lo que gana financia la educación de sus cuatro hijos. Ellos caminan a diario una hora para llegar a la escuela más cercana.  “Esta idea de sembrar para el autoconsumo es maravillosa. Uno se alimenta mejor. Fue un error reemplazar la cebolla por la mashua y los otros productos”.

De pronto, Juan Espinoza  interrumpe la conversación. Se acerca al huerto de su comadre Petrona  para sugerirle que en los desayunos prepare  leche con ocas cocinadas, para la familia.

“Esta combinación es sabrosa y da energía a los niños. Es una bendición  que los técnicos nos capaciten. Ahora nos alimentamos como lo hacían nuestros ancestros”. Espinoza instaló junto a su huerto un cajón de madera. Allí deposita las hojas secas y otros desechos para obtener humus.

“Coloco el abono cada 15 días en el terreno. De esta forma las plantas crecen sanas. Esto lo aprendí en los talleres”. Los técnicos enseñaron a Yauvilla a preparar un té de ajo y ají, para eliminar el gusano blanco que se come las hojas de la oca.

“Para lograr resultados hay que aplicarlo dos veces al mes”. Ella ya no utiliza mascarilla, overol, gorra  ni guantes de caucho para fumigar las plantas. “Cuando usábamos químicos era una obligación protegerse. Esos productos afectan a los ojos, piel y la garganta ”.

En su chacra, Yauvilla sonríe. No es para menos. Su vida y sus ingresos han mejorado y  ve el cambio con más optimismo.

Sobre este artículo

Bien¡¡ es lo que tenemos que hacer en todo el Ecuador, dejar los quimicos de lado y producir sano.