Programa ProHuerta en Tunuyán

toamtes-organicos.jpgEl municipio de Tunuyán continúa con la entrega de semillas y pollitos BB para huertas familiares, en convenio con el Programa Pro- Huerta. El conjunto de prestaciones brindado se concreta en modelos de huertas y granjas orgánicas de autoconsumo a nivel familiar, escolar, comunitario e institucional.

La Municipalidad de Tunuyán continúa con la distribución de los pollitos BB y semillas para huerta familiar en cumplimiento del Convenio con el Programa Pro- Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Este convenio beneficia a 15 familias, que desde hace tiempo, no solamente usan sus cultivos para autoabastecimiento, sino que también los ofrecen en la Feria Franca del departamento. La tarea de la municipalidad continuará durante la presente temporada.

El Programa Pro- Huerta apunta principalmente a: promover prestaciones básicas (insumos biológicos, asistencia técnica, capacitación) para que familias y grupos o entidades de la comunidad generen sus propios alimentos frescos de huertas y granjas; capacitar promotores voluntarios de la misma comunidad o de otras instituciones (docentes, agentes de salud, municipales,de grupos religiosos,ONGs, etc.) Generar, adaptar y aplicar tecnologías apropiadas; favorecer la organización de las familias intervinientes para la incorporación en su alimentación diaria, frutas, verduras y otros productos de granjas, conservar y procesar domésticamente alimentos, participar en ferias francas, redes de trueque y microemprendimientos.

Pro-Huerta es un programa dirigido a población en condición de pobreza, que enfrenta problemas de acceso a una alimentación saludable, promoviendo una dieta más diversificada y equilibrada mediante la autoproducción en pequeña escala de alimentos frescos por parte de sus destinatarios. El conjunto de prestaciones brindado se concreta en modelos de huertas y granjas orgánicas de autoconsumo a nivel familiar, escolar, comunitario e institucional.

Se trata de un programa enmarcado en la seguridad alimentaria, cuya piedra angular amalgama la capacitación progresiva, la participación solidaria y el acompañamiento sistemático de las acciones en terreno, resultando estratégicos en su operatoria la intervención activa del voluntariado (promotores) y de redes de organizaciones de la sociedad civil.

Tales características junto al modelo técnico promovido, que se apoya en los principios de la agricultura orgánica, se complementan recíprocamente dotando al programa de una fuerte penetración territorial, valoración social y eficacia para la incorporación en la dieta de los hogares pobres de alimentos frescos; constituyéndolo así en una herramienta válida para mejorar y diversificar la alimentación de sectores socialmente vulnerables, particularmente frente a situaciones de desnutrición crónica por insuficiencia de micronutrientes.

Esta iniciativa de carácter nacional que cuenta ya con más de trece años de desarrollo, siendo ejecutada por el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (MDS), ha quedado comprendida en el 2003 dentro de los alcances de la Ley Nº 25.724/03, que crea el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria “El Hambre más Urgente” (PNSA).

Así, dentro de la Red Federal de Políticas Sociales y en el marco de la seguridad alimentaria el Pro-Huerta, brinda asistencia técnica, capacitación, acompañamiento y provisión de insumos biológicos, tanto a familias como a redes prestacionales (comedores, grupos comunitarios, escuelas, etc.), participando en las estrategias de gestión asociada, de prevención, de compensación y de superación contempladas en el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA), al tiempo que apoya con su modelo de gestión los otros dos planes puestos en marcha por el MDS: el Plan Nacional de Desarrollo Local y Economía Solidaria “Manos a la Obra” y el Plan Nacional Familias por la Inclusión Social, formando parte también del Plan Nacional de Desarrollo Rural Sustentable (PFDRS) ejecutado por el INTA.

Tales políticas, en su conjunto, se orientan a dar un salto cualitativo desde respuestas asistenciales ante la emergencia hacia la promoción del crecimiento económico y social de cada localidad, consolidando una red de inclusión social y favoreciendo una mejor calidad de vida de las familias y personas en todo el país, mediante la construcción de una política social integral que evite la fragmentación entre múltiples programas sin articulación entre sí.

Las acciones centradas en los ámbitos familiar y comunitario, se apoyan en el respeto de las particularidades y costumbres de cada región del país al igual que los espacios comunitarios ya constituidos o en constitución, favoreciendo la construcción de capital social, mediante la generación de capacidades, el estímulo a la participación y organización, el fortalecimiento de las redes solidarias y una estrategia de abordaje integral. De este modo, las actividades de capacitación y asistencia técnica como procesos sostenidos, constituyen una inversión social imprescindible para el logro de los objetivos propuestos.

En este contexto, el Pro-Huerta como programa que requiere para su concreción de la activa participación de sus destinatarios, quienes acceden a él a través mecanismos sencillos y mediante libre adhesión, valorando la capacitación y asistencia técnica brindadas, al tiempo que propicia el empoderamiento y la gestión asociada en redes en los espacios locales, se constituye en una herramienta versátil y sinérgica para la ya aludida construcción de una política social de carácter integral.

El Pro-Huerta organiza su operatoria en dos campañas anuales: “otoño-invierno” y “primavera-verano” diferenciadas según la estacionalidad de las diferentes producciones. En sus inicios, el Pro-Huerta elaboró una colección de semillas hortícolas “tipo” (12 especies) para una huerta familiar con una superficie de 100 m2, contemplando los requerimientos de consumo de hortalizas frescas de una familia de cinco integrantes.

Se decidió trabajar con variedades y no híbridos para facilitar la autoproducción de semillas y que aquéllas provistas no contuviesen “curasemillas” para evitar peligros en su manipulación. Luego, dada la diversidad de condiciones agroecológicas que presenta el país, el programa fue ajustando la composición de las colecciones hortícolas entregadas, diferenciándolas según regiones e incorporando especies de adaptación y consumo local.

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