Productos Orgánicos en los hoteles de Ecuador

alimentos-organicos-hoteles-ecuador.jpgLos agricultores de 500 huertos del Distrito proveerán de los productos a los hoteles.

Ángel Cevallos es un agricultor de la ciudad. Aunque hace muchos años lo fue de los campos de Loja cuando cultivaba maíz, maní y fréjol.

Detrás de su casa y en un espacio comunitario, en el barrio Rumicucho de San Antonio de Pichincha (Quito), siembra hortalizas y legumbres. Estas están avaladas como orgánicas por la empresa BCS alemana, la más importante certificadora  del mundo en  agricultura orgánica.

Con ese sello, Cevallos y  una quincena de  productores urbanos participaron esta semana  en una minirrueda de negocios  para ofrecer su producción a los  hoteles de la capital.

Los chefs probaron  y miraron la calidad de los alimentos que estuvieron en una pequeña carpa, que se levantó en la Factoría del Conocimiento, donde funciona Conquito, del Municipio.

Los tomates, lechugas, coles, brócoli, nabos chinos, pimientos, rábano y otras verduras les agradaron y en estas semanas se concretarán los negocios, dice Alexandra Rodríguez, coordinadora del proyecto de Agricultura Urbana que ejecuta Conquito.

Norman Bock, presidente ejecutivo de Hoteles de Quito Metropolitano que reúne a 32 socios, comenta que algunos comenzarán a adquirir los productos. “Tienen una calidad indiscutible. Probé la zanahoria y los tomates y son buenos. También tienen hierbas, gallinas de campo, cuy... semillas de  amaranto”.

Según Bock, los precios son competitivos, pues son más baratos que los de las empresas orgánicas tecnificadas. Por ejemplo, un kilo de zanahoria se cotiza  en USD 0,90, detalla.

Cevallos como los otros agricultores les venderán más tomate, la hortaliza de mayor producción. Cevallos y sus dos hermanas que también cultivan sus hueros en Rumicucho producen para el consumo de sus familias, para la venta en las Bioferias y para 15 canastas semanales.

Según Rodríguez, en el Distrito hay 500 huertos de los que 89 son comunitarios y de estos, 22 están certificados. Las familias producen 120 toneladas de alimentos al año en 14 hectáreas.

El agricultor lojano recalca que usan té de estiércol o purín de ortiga y matico para fertilizar. Elaboran insecticidas de ajo con cebolla paiteña y alcohol o preparan abonos con varios tipos de estiércol, aunque ahora ya no los consiguen gratis. “La gente que cría borregos nos regalaba el estiércol, pero ahora  le puso precio. Cada saco vale USD 2”.

A su lado están Rocío Ocampo de  Chilibulu, en las faldas del cerro Ungüí;  Lourdes Simba, del huerto  Jatum Ayllu de Monjas; Bertha Sarango de los altos del Condado;  Elsa Naranjo y Jesús Endara, de San Bartolo Alto. Todas muestran sus cosechas.

Unos aprendieron el oficio hace 10 años y otros nacieron entre las cosechas, porque sus padres fueron agricultores, como los de los Cevallos.

La teoría

Para una buena productividad, se debe utilizar semilla de óptima calidad. Con ello, el rendimiento por hectárea será mejor y la producción aumentará.

Los suelos se conservan si hay una rotación de los cultivos diversos. La siembra de varios productos evita que se erosione y se agoten los nutrientes.

La práctica

Los huertos del Distrito cuentan con sus propias empresas piloneras, las cuales proveen las plantas para la siembra de los agricultores familiares.   

Los agricultores alternan entre hortalizas, granos (leguminosas), legumbres, hierbas medicinales o aromáticas en las pequeñas extensiones de tierra.

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