Humanizar la Producción Rural

Quien haya tenido la posibilidad de ver de cerca la manera en que se produce la carne que consumimos, en todas sus variedades, no podrá evitar sentir que es una atrocidad por lo que los pobres animales tienen que pasar, no sólo antes de ser llevados al matadero, sino durante su corta vida.

Por lo general tanto vacas como cerdos, aves y otros animales destinados al consumo humano, son sometidos a condiciones de extrema crueldad, estando confinados en pequeñas jaulas, iluminados todo el día, para que no descansen por la noche, y continúen comiendo, contribuyendo así a su engorde.

Paulatinamente, los productores están tomando un sesgo más ecológico en su forma de criar a estos pobres animales. Pero esto no es causa de la bondad de sus almas, sino de un cambio en la mentalidad de los consumidores, quienes buscan alimentos ecológicos para su consumo habitual.

Los animales criados de forma ecológica son alimentados primeramente con especies vegetales en estado “puro”, como pasto, semillas, y forraje, a diferencia de los animales industrializados, que ingieren compuestos elaborados, o alimentos balanceados de engorde. Estos alimentos de engorde están compuestos en muchos casos por antibióticos y hormonas, con la finalidad de aumentar el peso de los animales para la faena. La diferencia entre ambos tipos de crianza es notable.

Los pollos criados orgánicamente engordan a un ritmo igual que el de los animales industrializados. La tasa de enfermedad o epidemias aviares es menor, y la calidad del producto final es excelente.

Pero, fundamentalmente, la crianza orgánica de animales es una crianza benévola y no artificial, respetando las necesidades del animal, y sin someterlo a regímenes crueles de alimentación intensiva y hacinamiento. Los consumidores, cada vez más, se vuelcan a este tipo de animales de granja orgánicos, dado que las ventajas son evidentes.

En primer lugar, los animales orgánicos presentan una carne limpia de venenos, impurezas, hormonas, antibióticos o cualquier otra sustancia foránea que no debería ser consumida por los seres humanos. Esto redunda en una mejora sensible en la calidad de la carne, tornándola mucho más sabrosa y apetecible que la de los animales industrializados.

Pero no sólo en el gusto de la carne está la diferencia. Los animales orgánicos presentan una concentración mucho más alta de nutrientes –vitaminas, minerales, proteínas- a la par que la cantidad de grasa se ve reducida. En consecuencia, los alimentos orgánicos mejoran de forma notable la calidad de vida de quien los consume.

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