Granja Integral Familiar

granjas-integrales-organicas.jpgHace ocho meses se sembraron las primeras plantas en la Granja Integral Familiar. Esto es parte de un proyecto agroeducativo para capacitar a los campesinos, sobre un mejor uso de la tierra con varios cultivos, libres de productos químicos. El plan es impulsado por la Fundación Divino Niño y por el Centro Agrícola de Esmeraldas.

En dos hectáreas se sembraron 22 especies, entre frutales, leguminosas y tubérculos de ciclo corto, semiperennes y maderables. El lugar está en el recinto Timbre de la parroquia San Mateo (Esmeraldas).

Los cultivos de papaya, tomate, maíz y yuca crecen junto a los de limón, plátano, maracuyá, palmas de coco y árboles de zapote, mamey, guanábana, mango y naranja. También hay sembríos de orégano, menta, hierbaluisa, albahaca, chillangua, flora amarilla y ají tabasco, que son repelentes naturales de las plagas.

En las fincas aledañas a la Granja Integral están los árboles de teca, que darán ganancias en 15 ó 20 años, porque es una madera que tarda en crecer.

El campesino Fernando Chila dice que cosechó en tres ocasiones tomate, pimiento, maíz, yuca, haba, maracuyá y papaya.

Chila observa que abejas y mariposas polinizan y se alimentan de la huerta. “Esas especies beneficiosas para la agricultura son el medidor de la calidad orgánica de un cultivo”, expresa Tony Calberto, técnico del Centro Agrícola que da el asesoramiento.

Cuenta que el proyecto tiene un doble beneficio. Primero, se busca que la finca produzca todo el año para el sustento de las familias campesinas. Segundo, la siembra intercalada de las variedades ayuda a controlar de forma  natural a las plagas.

“Cuando hay fumigaciones con químicos mueren los microorganismos, que sirven para la agricultura orgánica”.

Joffre Solórzano expresa que la Granja Integral es el único proyecto de este tipo en Esmeraldas. “Los alimentos sanos (libres de químicos) tienen otro sabor y a escala mundial son más apreciados porque no presentan efectos colaterales en la salud”.

Los huertos familiares garantizan alimentos para los campesinos y un excedente para el mercado, dice el técnico.

A pesar de los esfuerzos, los cultivos orgánicos son amenazados por las plagas. Pero hay soluciones que no dañan la naturaleza. Él da ejemplos: para prevenir plagas en los tomates realizaron varias fumigaciones con una solución elaborada con ají tabasco, hierbabuena y limón.

Para robustecer los cultivos se preparó un bioestimulante elaborado con estiércol de gallina, de chancho y de vacunos.

Por la necesidad de preparar abonos orgánicos nació el negocio de la crianza de 100 pollos, seis chanchos y cinco vacas lecheras. Se calcula que en dos años la huerta tendrá financiamiento propio para seguir.

Para replicar lo que se hace en la Granja Integral, se necesita solo media hectárea de terreno, expresa Solórzano. Los campesinos pueden sembrar poco a poco los productos, aprovechando las semillas locales.

En la Granja, por ejemplo, se recuperaron varias especies de mangos, como los denominados de alcanfor, de perro y para chupar, que estaban en riesgo de desaparecer en esa zona. Y se cultivaron seis variedades de yuca autóctona y cacao nacional.

El próximo reto del proyecto es construir un vivero agroforestal que garantice las semillas de los productos. Con estas primeras plantaciones, los técnicos dicen que el objetivo es que esta granja se convierta en un aula en donde los campesinos observen que sí es posible vivir del campo con técnicas que no contaminan la tierra ni el ambiente.

La teoría

Los abonos orgánicos mejoran la calidad del suelo y garantizan productos saludables para el consumo humano. Los plaguicidas y los abonos orgánicos ayudan a mantener limpio el medioambiente.

La Granja Integral permite depender menos de la compra de los productos en el mercado. También, la presencia de varios cultivos mejora las condiciones de la tierra, porque es más productiva.

La práctica

Los agricultores de la parroquia San Mateo (Esmeraldas) colocan preparaciones de plantas medicinales mezcladas con ají, para espantar a los insectos. Estos, generalmente, propagan enfermedades.     

Los técnicos del proyecto combinaron varios productos. Esto ha hecho que puedan cosechar una diversidad de productos para el consumo en la casa y para la venta. No dependen de un solo cultivo.

Información Complementaria

Redacción Esmeraldas

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