Fertilización Foliar Orgánica

fertilizacion-foliar-organica.jpegEl concepto de fertilización foliar orgánica cobra valor en un contexto en que los productores se repliegan en el uso de la tecnología.

Campolitoral

Conrado Braen nació y se crió en el campo. En su casa paterna todavía permanecen los vestigios de los viajes en sulky a la escuela y de una infancia rodeada de verde. Tal vez por eso, haya volcado su obsesión por ese color con la idea de explotar al máximo el potencial de los cultivos.

Para ello, comenzó a probar en 2002 con el humus de lombriz.

Luego de una serie de pruebas, concluyó que este producto transformado en líquido y aplicado en forma foliar, permite una serie de beneficios que abre un panorama alentador para la producción agrícola.

“Esta idea arranca entre los años 1998 y 2000”, recuerda Braen, “por una necesidad de cambiar, y haciendo humus de lombriz empecé a ver que se podía sacar más provecho haciéndolo líquido. Luego de muchas pruebas comencé con las frutillas, y viendo los resultados lo trasladamos a la alfalfa, la soja, y al ver que superaba más del 10 % en la oleaginosa y casi un 20 % en pasturas, decidimos inscribirlo y darle para adelante”, evoca. Al poco tiempo, se suscribió un acuerdo con la Universidad Nacional del Litoral para hacer estudios más avanzados del producto y garantizar el aval de la entidad.

El producto

Este producto beneficia la parte radicular, la sanidad , genera un mejor rendimiento y cuenta con el aval científico de la Universidad. Además es orgánico, no tiene agregados químicos y no deja residuos.

“Se trata de una enmienda que mejora la estructura de la planta, no es un fertilizante”, aclara Braen. Sin embargo, los mejoramientos arrojaron resultados positivos en todos los cultivos. “Al ser nuevo, no tiene antecedentes, cumple varias funciones y esto es difícil para el productor de entender. Es una gran ayuda a nivel general, no es que brinde soluciones un problema puntual”, aclara.

“Para este año, es una herramienta más de trabajo que puede ayudar a mejorar la rentabilidad del productor”.

Los pasos de la producción de FFO son sencillos. La bosta se almacena y se deja fermentar durante un año. Se incorpora a las cunas de lombrices entre dos y tres meses y se transforma en humus. Luego se seca, se lo pasa a estado líquido y se envasa en bidones de 20 lts. “Tenemos trabajos en Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos, Salta, etc. Además hemos trabajado con el Inta y con empresas como Milkaut y Sancor, que lo han probado y han dado su aprobación”, dice Braen.

"Los productores deberían probar que hay otras cosas, como este producto que es netamente argentino, 100% natural y con el problema mundial que tenemos es una gran oportunidad para utilizar un recurso totalmente nuestro”, concluye.

Mejor rendimiento

FFO es elaborado a base de humus de lombriz y reúne dos de los factores que aseguran junto con la fertilización química- un mejor rendimiento de las cosechas: micronutrientes: boro, cinc, cobre, hierro, molibdeno, manganeso, etc. y elementos de naturaleza biológica. Contribuye a obtener cosechas más lucrativas. Si bien cada cultivo demanda condiciones específicas de manejo, todas las plantas se benefician con esta enmienda biológica que mejora las condiciones de fertilización. Por eso afirmamos que FFO rinde arriba: la salud de la planta mejora visiblemente.

Además FFO promueve un vigoroso sistema de raíces porque mejora las condiciones de suelo con mayor oxigenación y más efectiva nutrición, reduciendo los efectos de la erosión.

Hasta hoy los productos disponibles actúan a no más de 15 centímetros de profundidad y tienden a radiculizar cultivos de manera horizontal. FFO genera un notorio crecimiento de la raíz a mayor profundidad, lo que mejora la planta y oxigena más los suelos incluso para futuras campañas. Por eso afirmamos que FFO también rinde abajo.

FFO incrementa el rendimiento y la calidad; acelera el crecimiento y completa los ciclos de vida de la planta, incluyendo la floración y desarrollo de la semilla. Por lo tanto, reduce el período entre la siembra y la cosecha. También mejora la relación suelo-humedad, aportando a un uso más eficiente de los recursos acuíferos.

Su aplicación sistemática reduce la dependencia de los fertilizantes químicos, por lo que disminuye los costos de producción y de logística.

Aplicación Foliar

5 litros de FFO diluidos en 100 a 120 litros de agua, por hectárea y por aplicación, utilizando picos tradicionales. La dosis es adecuada para alfalfa, soja, trigo, maíz, girasol y pasturas (avena, cebadilla, festuca).

Se puede mezclar con herbicidas y/o insecticidas, conservando el pH entre 6,8 y 8,9. No es necesario añadir correctores. No se debe mezclar con fungicidas. La aplicación no debe efectuarse bajo fuerte insolación, para procurar todo el potencial estratégico del producto.

FFO puede ser aplicado desde avión sin inconvenientes, sin diluir, a razón de 7 litros por hectárea, por aplicación.

Momentos de Aplicación:

Soja: en V5 y en R3. Trigo: cuando está macollando y en hoja bandera. Maíz: en el cuarto par de hojas y a la aparición de las flores femeninas. Girasol: en el cuarto par de hojas y a la aparición del botón floral o a la altura máxima que permita entrar con la máquina. Alfalfas: la primera aplicación es en cualquier momento. Debe repetirse tras cada corte cuando tiene hasta 2 puños de altura (entre 10 y 14 centímetros). A partir del cuarto corte, se debe aplicar pastoreo por medio.

En caso de pastoreo, realizar una primera aplicación en cualquier momento, con rebrotes de uno a dos puños de altura; y otra luego del pastoreo. Luego, efectuar dos aplicaciones estratégicas anuales, en los comienzos del otoño y la primavera.

Pasturas: (avena, cebada, cebadilla y ray grass), al macollaje. La segunda aplicación es en hoja bandera y debe repetirse en el primer pastoreo.

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