Ecologismo: Antídoto contra la Pobreza

huerta-organica-ecuador.jpgMaría Cumba observa con entusiasmo su parcela, donde crecen plantas medicinales, hortalizas y frutas.

Su propiedad, ubicada en la comuna Lambuela (Cotacachi-Imbabura), sirve de modelo para implementar nuevas parcelas agroecológicas en 45 comunas rurales del cantón.

Cumba, su esposo y sus cinco hijos son parte de un conglomerado de más de 1.000 familias involucradas en el proyecto de conservación y uso sostenible de cultivos subutilizados.

El programa es ejecutado por la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi (Unorcac). Desde que empezó, hace 18 años, este trabajo fue mejorando y en la actualidad más de 5.000 personas cultivan orgánicamente en sus viviendas y recuperaron productos ancestrales que se habían perdido.

La mashua, oca, jícama, habas, mellocos, diversas variedades de maíz, uvillas, mora, papa, remolacha y plantas de llantén, hierbabuena, escancel, manzanilla, orégano dulce, romero, marco, ajenjo, cedrón, menta, tigrecillo, daikon, achira roja y malva rosa han retornado a las mesas de los indígenas y a los mercados locales.

“Las parcelas aseguran la alimentación de la gente y la meta es involucrar a 3.200 familias. En 1990 empezamos con la reforestación y comprendimos que debíamos aplicar un proyecto integral con la cría de animales menores y siembras andinas”, explica Rumiñahui Anrango, presidente de  Unorcac.

Lo hacen con el apoyo técnico y económico de diversas organizaciones como la Unión Europea, Iniap, entre otras.

Por esa perseverancia ganaron hace un mes dos premios mundiales de la ONU. “300 propuestas de 70 países participaron en el Premio Ecuatorial y quedaron 25 como finalistas, de las cuales obtuvimos el primer lugar por nuestra labor de reducir la pobreza y conservar la biodiversidad. El premio fue de USD 20.000”, cuenta Anrango.

Las pequeñas parcelas aparecen en las colinas cotacacheñas. “El proyecto es bueno, porque aprendimos a utilizar plantas medicinales de nuestros antepasados y alimentarnos sanamente, pues los productos son orgánicos”, añade Cumba.

Cada familia cría vacas, cuyes, cerdos, conejos y gallinas, cuyo estiércol es procesado y sirve para abonar el suelo donde siembran. “Cuatro facilitadores capacitamos a los indígenas en el manejo de las siembras, control de plagas y les proveemos de las plantas”, dice Juan Ulquiango, técnico de la Unorcac.

La inversión en una parcela es de USD 300 y 400. “Los beneficiados reciben préstamos directos y el diseño técnico de la parcela. El dinero proviene de la cooperativa de la Unorcac y de las cajas comunitarias, indica Hugo Carrera, responsable de Recursos Naturales de la entidad.

También consiguen en donación semillas y plantas, para la protección del terreno de los viveros de la organización y del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias.

De esta forma, los comuneros aseguran su alimentación y el excedente se vende en la feria del domingo. En promedio, una familia obtiene entre USD 20 y 40 semanales, a pesar de que el objetivo no es la venta, sino la producción orgánica y la alimentación nutritiva.

Carmen Farinango también tiene su parcela en la comuna Tunibamba. “En nuestra comunidad combinamos el agro con el ecoturismo. Alojamos a turistas extranjeros, quienes gustan de la comida andina y del descanso en un entorno natural”.

La teoría

El manejo ecológico de plagas y enfermedades es preventivo y tiene dos fundamentos: potenciar la vida del suelo y tener sistemas de cultivo diversificados.

La aplicación de biopreparados como infusiones, extractos, purines, bioles, entre otros, son un complemento al manejo de plagas y enfermedades.

La práctica

Las plantas de ruda, marco e higuerilla negra desprenden olores fuertes, las cuales actúan como repelentes de insectos, como la mosca blanca y los pulgones.

Las flores de las plantas de alfalfa atraen con su olor a los mosquitos machos, los cuales mueren por el tóxico natural que contienen dichas flores.

Sobre este artículo