Construi tu propio biodigestor. Manual Práctico

Hace ya unos años que se comenzó a discutir en amplios sectores de la sociedad argentina sobre la llamada “crisis energética”; es decir, la incapacidad de la infraestructura energética actual de satisfacer la demanda total del país. Actualmente, del total de la energía primaria que se consume en el país, el 85% proviene de combustibles fósiles (petróleo y gas), lo que genera una gran inestabilidad frente a lo que sería una matriz energética más diversificada y no tan dependiente de un recurso no renovable y, además, hoy en manos de empresas privadas. Con este gran cambio que se produjo en la matriz energética del país, hoy en día casi dos terceras partes de la producción de electricidad provienen de la quema de combustibles fósiles, especialmente en el caso del gas. Si bien la capacidad instalada es de unos 24.000 Mw., sólo son utilizables unos 18.000 Mw.; ya que el resto proviene de infraestructura obsoleta y de costoso funcionamiento. Hoy en día, la Argentina se encuentra en una crisis energética de características estructurales, que de no ser adecuadamente tratada comprometerá en el mediano plazo el normal abastecimiento interno de servicios públicos esenciales (gas y electricidad), con afectación  principalmente de localidades del Interior provincial, que durante los últimos años ya han afrontado grandes dificultades para restituir el normal funcionamiento de los servicios de energía eléctrica y combustible.  Por otro lado, en los últimos años la sociedad en general ha comenzado a entender la necesidad de recurrir a energías que respeten la ecología, de esa manera se ha enfocado en aprovechar fuentes de energía renovable, como por ej. Es el caso del biogas, producido a partir de residuos sólidos urbanos domicilarios, contribuyendo a su saneamiento y reciclaje.Es en función de este diagnostico, que entendemos la necesidad de realizar un cambio de rumbo hacia sistemas productivos basados en energías alternativas que preserven un recurso no renovable, contaminante y caro[1] como es petróleo y el gas, sustituyéndolo, en parte, por su opuesto: Por las “energías alternativas” limpias y renovables.  Para ello, la utilización de tecnologías socialmente apropiadas[2], como las productoras de biogás, energía solar o eólica, son las apropiadas, ya que pueden ser adoptadas, construidas y mantenida por las propias comunidades que la necesitan para cubrir sus necesidades y al mismo tiempo mejorar sus condiciones de vida. En el caso puntual de la pequeñas comunidades del interior del país, la provisión de energía es una cuestión básica, sobre todo en aquellas regiones donde la población está dispersa y dentro de los llamados “vacíos energéticos”, es decir las áreas rurales donde ni ahora ni en el futuro cercano llegara el tendido de gas ni las líneas eléctricas, como es el caso de Moisés Ville, pueblo asentado en la Provincia de Santa Fe. Creemos firmemente que las tecnologías socialmente apropiadas sirven para mejorar la calidad de vida de la gente, respetando el medio ambiente, proveyendo de energía limpia y renovable para aquellos que tienen graves dificultades en acceder a este recurso.

[1] El valor del crudo se disparó de 35 dólares el barril a comienzos de siglo a 130 dólares en 2008. Clarín 14/08/2008. www.clarin.com.ar [2] Entendida como aquellas tecnologías que presentan un mesurado equilibrio entre  cualidades técnicas, viabilidad económica y capacidad de adaptarse al medio en el que han de emplearse.