Canasta Orgánica en Quito

canasta-organica-quito.jpgLos consumidores de la Canasta Orgánica deben hacer los pedidos vía correo electrónico y detallar la respectiva solicitud (canasta o productos elaborados).

Los consumidores de la Coop. Zapallo Verde reciben un mail con la lista de productos de la semana. Deben responder detallando el respectivo pedido. Información: http://zapalloverde.blogspot.com/ o en: zapalloverde [at] gmail [dot] com. Telf. 600-6275

Un proyecto ofrece alimentos cultivados en huertos familiares en un barrio del norte de la urbe. Antecedentes

Un sitio donde los productores expenden solamente lo que brindan sus huertos cada semana y los consumidores pagan un precio justo por ello, sin intermediarios, es  La Casa del Árbol, ubicada en las calles Lugo y Vizcaya, en el barrio La Floresta, al norte de la ciudad.

De un modo casi artesanal, las ventas se realizan en la cochera de la casa. Ahí sobresale un rótulo tallado en madera que dice “Canasta orgánica”, el letrero da la bienvenida a los moradores del lugar. En el inmueble también hay un jardín, donde un árbol de higos deshojado parece ser el símbolo de esta organización ciudadana.

En dos mesas se exhiben productos como el cilantro, perejil, manzanilla, zanahorias, coles, acelga, cebollas y brócolis. Son traídos bajo pedido, debido a que tanto los organizadores como los productores y consumidores están registrados en la cooperativa Zapallo –conocida como la “Coope”-, entidad adscrita a este colectivo.

Estos artículos son expuestos en las canastas, cuyos precios varían de 5 dólares, las más pequeñas; a 10 dólares, las más grandes. También se expenden productos elaborados como mermeladas, aceitunas en frascos, alcaparras, barras de maní, quesos, leche y pan.

Esta experiencia se inició hace dos años en la Casa Feminista de Rosa, ubicada en las calles Ascázubi y 9 de Octubre, también al norte de Quito. Su coordinadora, Andrea Aguirre, comenta que se redireccionó el plan a la Casa del Árbol, porque la mayoría de los consumidores es morador del La Floresta. A pesar de ello, “todavía mantenemos un contacto cercano con ellos”, indica.

José Favara, uno de los oranizadores, dice que, al momento, están inscritos cerca de 11 productores y 50 consumidores, “cuyo promedio varía cada semana porque algunos realizan sus compras una vez al mes y otros cada semana”.

Los primeros tienen sus cultivos en los sectores aledaños a la ciudad, como el Valle de los Chillos, los barrios del sur o la parroquia de Amaguaña. Los productores tienen sus cultivos en los sectores aledaños a la ciudad, como el Valle de los Chillos, los barrios del sur o Amaguaña. Los organizadores de la Casa del Árbol buscan que los alimentos orgánicos no ocasionen un impacto ambiental, como ocurre habitualmente cuando estos alimentos son trasladados a través de largas distancias o cuando se originan las cadenas de frío.

El proyecto persigue dos objetivos: romper con los intermediarios, con el fin de que exista una relación directa entre los productores y los consumidores, “donde los unos se beneficien directamente de la venta de los productos y que los consumidores no se sientan perjudicados, pues pagan por un precio justo”. Según Favara, en el resto de la urbe, son los intermediarios los que fijan los precios de los productos en el mercado.

El otro objetivo es que estos cultivos sean un aporte para el medio ambiente. “Cuando hay un proceso de industrialización, en un momento determinado los suelos dejan de producir, porque los químicos ocasionan la erosión y la pérdida de nutrientes”, dice. Por esta razón, los miembros de la Casa del Árbol no creen en una producción a gran escala.

Por otro lado, Sara Latorre, cofundadora de este plan, cree que es importante que los consumidores también se integren a esta labor a través de los talleres de compostería o en las mingas, que suelen realizar en las huertas. Hacer este voluntariado es un requisito para integrar la cooperativa.

Latorre también conoce de otras experiencias similares de comercio justo, como el del barrio El Carmen, al sur de la ciudad. “La diferencia es que su objetivo es el beneficio comercial, mientras  que el nuestro es el área agro-ecológica”.

Gabriela Uquillas, moradora del sector, afirma que el origen de estos alimentos “es algo fundamental, porque ahora es difícil encontrar productos orgánicos. Con esta iniciativa, uno sabe de dónde vienen los alimentos”, explica.

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