Café Boliviano Orgánico

cafe-organico-bolivia.jpgLos comunarios de los Yungas cultivan ahora un producto orgánico y trabajan bajo el sistema de comercio justo. Lograron mejorar la calidad de su oferta y reciben mejores precios.

Desde hace un par de años, la producción y comercialización de café en Bolivia, especialmente en los Yungas, es más equilibrada. Con el impulso de la cooperación internacional, los cafetaleros comenzaron a trabajar bajo el sistema del comercio justo y, ahora, el producto pasa directo del productor a los consumidores, con un fuerte impacto sobre sus ingresos.

Juan Macuada, de la Cooperativa Integral Noreste de Caranavi, explica que antes de comenzar con este sistema y de cultivar lo que se conoce como café orgánico, el saco de 50 kilos costaba en el mercado unos 80 dólares, y que ellos recibían no más de 10 dólares. En cambio, ahora, por la calidad del producto, por la mejora de los precios internacionales y por la aplicación del comercio justo, ese mismo saco cuesta hasta 150 dólares en los mercados y ellos reciben por lo menos 100 dólares.

Como manda este tipo de comercio, además, los cafetaleros yungueños buscan también mejorar la calidad de su producto. La puesta es la producción netamente natural. "Toda nuestra producción es orgánica", dice el productor, oriundo de la población de Caranavi del norte de La Paz.

Esta nueva era para el café boliviano recibió gran aceptación en los mercados externos, Europa, sobre todo, donde el grano orgánico y de altura tiene hoy su mejor mercado, añade el cafetalero.

"La idea fundamental del sistema de comercio justo, es ofrecer a los productores y productoras un precio mínimo que garantice condiciones de vida digna para la familia campesina. Los consumidores, por su parte, tienen garantizado que recibirán un café de buena calidad y que el precio adicional que pagan representa un mejor ingreso para las familias productoras de café", señala un informe de Ayuda en Acción.

El volumen de ventas del mercado justo del café crece de manera constante, aunque lenta. El 2001 se contabilizaron casi 300 mil sacos, lo que todavía no llega a significar ni el 0,5 % del total del producto vendido durante ese año en todo el mundo. Se calcula que para el año 2004 ese índice habría llegado al 1%.

El principal mercado es Europa, donde la conciencia sobre el comercio justo y los productos orgánicos gana preferencia entre los consumidores.

En una encuesta realizada entre fanáticos de los productos ecológicos en Berlín, Alemania, la mayoría declara un alto grado de preocupación por la situación laboral y social de los productores y quieren, con su compra, provocar un impacto positivo global.

El café juega un papel importante en la subsistencia de millones de familias de 50 países productores de este grano, entre los cuales se encuentra Bolivia.

En el caso del café orgánico, la tendencia es nueva y el país quiere convertirse en pionero. El café orgánico es el cultivado respetando el medio ambiente y sin usar pesticidas, fertilizantes ni aditivos químicos.

Este tipo de cultivo se caracteriza por el uso de abonos orgánicos y de otras plantas e insectos para prevenir las plagas, señala el informe de Ayuda en Acción.

Se cultiva en terrazas con el fin de prevenir la erosión y conservar el suelo. Esta es la nueva esperanza del café boliviano.

El comercio justo marca la diferencia

Las ganancias

  •  El café es el ejemplo más claro de cómo el comercio justo sí funciona. En los años 90, el campesino boliviano recibía por su producto unos 10 dólares por un saco de 50 kilos. El caso colombiano habla de cinco dólares por el mismo monto. Ahora ese mismo saco cuesta 150 dólares y el comunario recibe 100. En el caso colombiano se habla de hasta 120 dólares.

La calidad

  • Antes, el café boliviano era considerado de mala calidad en el exterior, de hecho se vendía como relleno en los grandes pedidos. Pero ahora, con el comercio justo, se cultiva el café orgánico, especial y de altura, único y de primera calidad. Países de Europa y EEUU ya conocen su calidad. Los consumidores saben que se cultiva sin químicos y sin dañar el medio ambiente.

Fuente: La Razón

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